El que los humanos tengamos ideas distintas unos de otros es en principio enriquecedor. Lo que me produce fastidio es que las mías (estar a favor del aborto, o la eutanasia, por ejemplo), no obligan a nadie a hacer nada, ni les impiden hacerlo. Sin embargo los que piensan distinto quieren imponer sus criterios a los demás. No sólo no quieren abortar (lo que por otro lado hacen a hurtadillas si la ocasión lo requiere), sino que no nos dejan abortar a los demás; no sólo no quieren practicar la eutanasia, sino que no nos dejan que nos la practiquen a los demás.
En consecuencia, no se trata de una simple confrontación de ideas, sino de la lucha de los libre pensadores contra los dictadores que pretenden imponer sus creencias a la totalidad de la población.
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